3 nov 2011

π

Se pasa la mano por la cara, la frente le suda. Entre el alboroto del sueño no se ha dado cuenta que al despertar ha tirado la vela que se posa en el cabezal de su cama. Ese sueño no era lo que tenía que suceder en aquel lugar, ni en aquel tiempo. Dos meses atrás podía haber sido comprensible, factible e incluso defendible, pero ya hacia más de 65 días que no la veía, que no pensaba en ella y sobretodo que no la olía. Su olor era lo último que olvidó, con todo el esfuerzo de su mente y el resto de sus sentidos lo había borrado. Hasta esa noche. El olor a mora, que venia con seguridad de la vela perfumada que se había hecho añicos contra el suelo, le recordó a las tardes cálidas de septiembre, al dolor punzante de agosto y sobretodo al puñetazo en el estomago que sintió un 19 de julio.

No entienden a Pi. La gente de ciencias se queda clavada en que es un numero muy importante en sus divagaciones sin sentido, 3,14159..., parte importante de la geometría de los círculos. Los de letras no ven mas allá de la decimosexta letra del alfabeto griego, no ven mas que un fonema /p/ con un trazo precioso. Se equivocan en redondo unos y otros, no entienden que Pi es algo más, es una de las tantas mescolanzas que entendidos de las matemáticas y de los idiomas antiguos han hecho desde que existen. Los dos nacieron de los mismo, en la misma época. Todos nacemos de lo mismo, ¿Por qué nos empeñamos en diferenciarnos? Todos somos diferentes, todos somos iguales. Pi es un sentimiento, al igual que Phi, que Zeta... ¿Lo entiendes Gabriel?"

Ella es Pi, ella es todas las letras del maldito alfabeto griego, fenicio y indoeuropeo. Todo lo que tenga un significado oculto lleva su nombre, hasta los sueños en los que se mezclan elefantes azules, de Dalí sin duda, mangos y café negro, de Márquez sin duda, y su rostro, saliendo por todos lados, con las cosas que le hacen subsistir aun recluido en el último peñón de aquel país. El sudor frió que cada vez más abundante caía por su frente le hizo reflexionar, busco en su mente, en su corazón, en su estomago, en la últimas cosas que había escrito, debajo del dolor punzante, un motivo para no quererla. No lo encontró, solo encontraba odio, pena, frustración y una vez más dolor, pero sin ningún sentido. Todo es diferente, todo es igual. Todo es ella.

Descolgó el teléfono, marco aquel numero, que sabía olvidado, sin dudar y espero cuatro interminables tonos:
-Gemma, llevo demasiado tiempo sin ti

31 ago 2011

El ultimo Vals

“Ella es el maldito Yin. La odio, la odio más que a cualquier cosa. Le tengo rencor, le tengo muchísimo rencor por todo el tiempo que me ha hecho sufrir. No me cae bien, no quiero que me caiga bien. En el fondo no es tan mala, no es tan mala como la estoy pintando. Joder, es que es tan guapa, tan guapa que no podría resistirme a ella, ni ahora ni nunca. La quiero, la quiero más que a cualquier forma de vida y por supuesto más que a la “odiosa pelirroja”. ¿Qué seria sin ella? ¿Qué seria yo, el jodido Yang?
Solo me queda una última duda, ¿la necesidad imperiosa, que ahora mismo, y desde Madrid siento por ella es correspondida?, ¿O es simplemente un fruto de mi rica imaginación que frente a un ordenador escribe cosas como si yo, Gabriel Witch, fuera el motivo de todas las preocupaciones y dudas de una chica que podría, y de hecho tiene, a los chicos más interesantes, guapos, inteligentes, ricos y odiosos de este jodido país?”

Sobre el word expresaba toda la furia que su error, el error que había cometido al dejar escapar a la joya de la corona, le provocaba. Se remitía, hasta la extremaunción, que ella le hace daño, que no le conviene, y que no es una persona con la que nadie puede estar. Pero es mentira, y él lo sabe. Sabe que es el único que sabe tranquilizarla, que su calma, casi de hielo, es la única que puede devolver a la tierra a sus ojos azules. Que sus vestidos rojos, blancos, azules, dorados o del color de su piel rosada, son lo único que puede salvarle de la locura, la locura a la que esta totalmente condenado sin sus besos. Por eso solo le queda una opción, meterse mañana en aquel tren y volar hasta sus brazos. Porque solo le queda una oportunidad y esa oportunidad pasa por bailar. Por bailar su último Vals:

“Y ahora va a empezar el baile, los dos estamos invitados, los dos sabemos con quien queremos ir pero nos da demasiado miedo confesarlo. Nunca te he pedido que bailes conmigo, pero ahora me apetece estar toda la noche desgastando las suelas de mis zapatos de gala. Espero que mis torpes pasos, tantas veces repetidos, en esto de la farándula musical no hayan hecho ya que tengas tanto miedo a que te pise que no quieras acercarte a concederme el próximo, y último, baile. Aun me queda decidir donde iré cuando se acabe el baile, pero de momento disfrutemos de esto”

5 ago 2011

Un paseo hacia el infierno

Sus preciosos ojos azules estaban pegados a la ventanilla del tren, su cara chafada contra el cristal, como insensible. Llevaba así casi una hora, sin inmutarse, excepto por alguna lágrima que recorría su cara. No era un viaje que ella hubiera previsto, ni era un viaje ideal para Agosto, más bien era un viaje muy incomodo. "Al menos si pudiera pasar allí un día..." pensaba frecuentemente. Gemma agarraba fuerte su bolso marrón, dentro de él iba su ultima esperanza. Un regalo para él, una primera edición de "Cien años de Soledad". Ella sabia que no significaba nada, que le haría ilusión, pero que eso no le haría cambiar de opinión. La ilusión que se mostraría en su cara seria transitoria, se esfumaría al oír a ella hablar de los dos. Entonces volvió a repetir el monologo que tronaba en su cabeza, mientras cerraba los ojos en lágrimas, en un gesto de dolor patético:

"Podría haberle dado un beso en la primera cita. Podría haber mostrado más aprecio por sus intereses desde el principio, podría haberle demostrado que lo que le gustaba, por el mero hecho de que le gustara era importante para mi. Podría haber quedado con el más de una vez por semana, sabiendo que él lo necesitaba. Podría haberle repetido a todas horas lo especial y singular que es. Podría haberle dejado claro que Madrid no me gustaba, pero que con él es la mejor ciudad del mundo. Podría haberle enseñado el resto del mundo, porque él quería que lo hiciera. Podría haber sido mas cariñosa, incluso antes de que él lo pidiera. Podría haberle dejado claro que solo lo veía a él. Podría haberle repetido que le quiero, hasta desgastar mis labios y mi lengua. Podría haberle dicho que quería que mi hijos se llamaran Gabriel y Gemma y que no veía un futuro en el que él no estuviera. Podría haber sido la chica de sus sueños y podría habérselo dejado claro. Si hubiera sido capaz de hacer todo eso, probablemente, no estaría en esta situación"

Rompió a llorar, y se golpeó el muslo con gestos claros de rabia, y la invadió un sentimiento mezcla de desprecio por si misma, y de odio hacia las pelirrojas. "No sabemos lo que brilla nuestra moneda, hasta que la tiramos al fondo del pozo, pidiendo un deseo que podríamos haber conseguido con ella"

2 ago 2011

Capaz o incapaz

Estaba sentado en el coche, como mil veces he hecho, contigo cogiéndome de la mano, mirando para otro lado porque no me atrevía a mirarte a los ojos. Si lo hago no me voy a poder resistir a besarte otra vez, y no es justo para ti. Nada de lo que esta pasando es justo para esa pequeña cara de bollo que ha intentado siempre que tuviera una sonrisa en la cara. Y mientras un gota corría por mi mejilla izquierda, la que tu no ves, no puedo evitar una sonrisa al recordar:




"-Han preguntado que quién eras.

-¿Y que has respondido?

-Uno que se aburre y habla conmigo y que, por añadidura, esta enamorado de sí mismo cual Narciso. "




" -Lo siento-" Es tu enésima disculpa de la tarde, tu enésima disculpa por algo que no has provocado, ni has querido que pasara. Las lágrimas que nos caen a los dos, son patéticas, en medio de una playa de ricos, rodeados por dos Mares y aparcados en medio de la calle, con ninguna banda sonora más que la de los coches pasar. Las lágrimas me recuerdan a las noches de Skype, noches interminables acostados encima de un portátil, noches en las que se mezclaron muchas veces burlas, risas, cotilleos, silencios y lagrimas.




Se que pasa por tu cabeza, se cuando quieres decir algo que es demasiado malo para ti y para mi. Se te nota en la cara, como cuando tragas algo sin masticarlo demasiado. Eres incapaz de hacerme daño, te duele tanto como cortarte a ti misma. Pero esta vez no lo decides, mis errores han hecho que te formes un escudo, un escudo con otra persona dentro que te defiende, que te hace sonreír, y que te aleja, día a día, peligrosamente de mi. Y eso solo me puede hacer recordar el mes de octubre del año pasado, en el que no confiabas en mi, en el que creías que iba a salir corriendo, en el que no sabias como un chico como yo estaba con una chica como tú, el mes en el que fui a un bar del centro donde estaban tus amigas solo para lucirme, el mes en el que mis padres conocieron los lazitos rojos de las comidas familiares, en el que conociste mi coche con la banda sonora de Lori Meyers y el mes en el que aprendiste que era un capullo, que sabia cocinar, y que te podía hacer feliz, por ejemplo organizando un viaje a Italia, que solo podían entender dos personas, pero esto ya no fue en el primer mes...




"-¿Tu apellido es griego?, Suena raro.

-¿Como coño me voy a apellidar algo que se parezca a Witch?

- Ah no se, no entiendo de apellidos griegos... "




10 meses de ser un capullo, diez meses de no saber lo que quería y aun así estar completamente seguro de que quería que tu fueras feliz, que fueras más feliz de lo que nunca habías podido imaginar ser. De que de verdad, y después de tus traumas dependieras de alguien, quisieras abrirte totalmente a alguien. Y sobre todo diez meses de de encontrar a una persona con la que yo pudiera ser totalmente feliz. La he encontrado ¿Sabes?

"El amor es una gilipollez. Un tópico remasticado por la industria del celuloide, treceañeras precoces, poetas oxidados, artistas vendidos" Que raro es que 10 meses después, el problema sea que pensamos totalmente lo contrario.







Ahora solo me queda un ultimo reto, una ultima prueba, por fin la pregunta, la duda, la realidad:
Te quiero, Capaz o Incapaz?


17 may 2011

El resto de tu vida

Cuando te das cuenta de que quieres pasar el resto de tu vida con alguien deseas que el resto de tu vida empiece lo antes posible. Había estado toda la mañana repitiendo esa frase, una película que vio la noche anterior, o algo por el estilo. Cada vez que la recitaba, ella o mi cabeza, mi reacción era automática: “El problema está cuando no sabes si quieres pasar tu vida con ese alguien”. Aquel día eran todo sonrisas y ojos azules achinados, era toda una felicidad impenetrable, una broma tras otra, pintarrajos en los apuntes y besos en los escalones de la biblioteca en interminables descansos. Estar con ella era como salir de una cabaña en medio de los paramos finlandeses en pleno invierno, los tres primeros segundo te sientes el rey del mundo, tus pulmones siento el frío con un alivio incomparable, tus ojos, semicerrados del sueño, se abren al sentir el sol reflejado en la nieve, y todo tu cuerpo se eriza. La sensación durante los primeros segundos es de ser capaz de todo, pero al rato sientes frío, tu cuerpo se vuelve a entumecer, el sol en los ojos empieza a molestar, lo que era alivio en tus pulmones empieza a convertirse en dolor.

Tú me entumeces. Llevas meses entumeciéndome, lo que siento por ti agota pero lo que no sientes por mí y sobre todo lo que no me haces sentir destroza. Además había ocurrido algo inesperado, algo con nombre y apellidos, aunque tu te habías empeñado en llamarla: “La odiosa pelirroja”. Y ciertamente para ti tenia que ser odiosa, era todo lo contrario a ti, a tu manera de pensar, a tu manera de ser, a tu manera de tratarme. Siempre te daba un beso donde los necesitabas y cuando lo necesitabas, no tenia miedo a nada, y sobre todo dejaba que me acercara cuando estaba mal. No esperaba conocerla, ni siquiera la estaba buscando, pero apareció. Un día en la biblioteca, como aquellas veces en que todo está planeando para que ocurra así, como esas veces en la que las casualidades acaban consiguiendo que te tropieces con la pelirroja que llevabas viendo una semana por sitios inesperados. Cuando hablas con ella resulta que te encanta como es, que su locura te hace sentir vivo, que deja que termine las frases, y no solo eso, que me deja claro que lo que digo vale mucho.

-Gemma, no quiero que empiece aún el resto de mi vida.-

28 ene 2011

María

Esa risa no era la que él esperaba, ni mucho menos. Pero no perdió la compostura, tenía un propósito, y por muy dura que fuera esa chica la conseguiría. Aunque a lo mejor iba a necesitar un poco de ayuda.




-¿Quién coño es esa chica?- Sonaba Turnedo de Ivan Ferreiro, no haría ni un minuto que la chica se había ido.
-No sé…- Contesté yo apresuradamente- Apenas la he visto tres veces.
-Tú siempre sabes algo, empieza.
-Solo sé que vino hará un par de semanas y me dedicó una de sus sonrisas de esas en las que te enseña todos los dientes, blancos, rectos. Esas que le cierran un poquito sus ojitos verdes. Y claro si no las conoces es difícil fijarte en otra cosa, sonríe tanto que es fácil saber cuando no está agusto, cuando le pasa algo. Es casi transparente. Contigo sonreía bastante por cierto. Siempre lleva su pelo dorado suelto, por favor, suelto. Cuentan que es de la escuela del "porque yo lo valgo". De la escuela en la que no existe el amor, solo la dependencia. Dependencia, como la que se tiene de ella, de su cintura de avispa, de su cuerpo delgadito y fino. Yo, si fuera tú, no me atrevería a tocarla, un día se te puede romper entre las manos o algo. Pero no sabes lo flexible que es, te juro que un día la vi doblarse totalmente, lo juro. Con esa chica es difícil no usar los diminutivos, son casi como si hubieran sido inventados para ella, como si no fuera posible describirla sin usarlos. Pero eso es para quien no la conoce, como yo.
“Pero quien la conoce, me cuentan que sabe como ponerte en tu sitio, que no se para por una mala broma, o una mala palabra. Que sabe agachar la cabeza, pero que también sabe levantara. Que sabe ser dura, pero que también sabe ser tierna. No podría ser menos que sincera, fuera de esas frases hechas, clichés y tópicos, sabe cuando mirarte a los ojos y romperte el corazón, pero, como no, también sabe provocarte, ponerte a su pies. O al menos eso cuentan.
Con buen gusto, por supuesto, es de letras. Alguna vez oí que le encanta Madrid, que le encanta Madrid en otoño, cuando llueve, pero que también le gustan los frapuccinos del Starbucks. Contra todo pronostico, no olvidemos que se trata de una señorita, le gusta la cerveza australiana, más aun que las bebidas rosas en vasos con frutita.
Dicen los chicos que han intentado cortejarla, que es difícil, complicada, y que nunca podrías acertar con ella, al menos que te dediques a no dejarla pensar, a que no piense en su vida, a que no piense, que la lleves siempre al limite, de la playa a la piscina, de la piscina a la disco y de la disco a la colmena. Pasando por una sesión de pelis amorosas en tu casa. Eso es, claro, imposible. Pero mire usted, si merecerá la pena, que lo siguen intentando. Pero bueno, ya las has visto, ¿Qué puedo decirte yo?
-Menos mal que no sabias nada- Me miró levantando las cejas, como muchas veces hacía cuando algo le sorprendía.

-Tengo una buena noticia para ti- Alcance a oír en su voz femenina cuando ella llegaba- Creo que voy a dejar que me des un beso.

Me acerque a su oído y le susurre: “Por cierto, se llama María”

25 ene 2011

Todd

Alcancé a escuchar la canción que tarareaba, era bastante fácil saber que había venido escuchando en el metro. Como siempre, como cada jueves, se tomó su tiempo para meterse los auriculares en el bolsillo, guardar el móvil, quitarse el abrigo, guardar el gorro y alborotarse el pelo, todo eso como un rito de culto, sin abrir la boca, muchas noches ni siquiera miraba a nadie, esa noche miró varias veces hacia donde yo estaba. Solo después de haberse desprendido de todo y haber ido al fondo a coger un taburete inclinó su tronco por encima de la barra y me dio un abrazo. Me acerqué hacia la nevera y cogí una cerveza del fondo, mientras una sonrisa se dibujaba en mi cara, recordando a la chica rubia que dos minutos antes había entrado. Ella aun no le había visto, pero seguro que él a ella sí. “Una chica con suerte” pensé en aquel momento. Nadie sabía su verdadero nombre. Todo el mundo le llamaba Todd. Cuando le preguntabas siempre te contestaba que hacía años que se llamaba así, no tenía otro nombre. Yo siempre pensé que su madre, o alguno de sus amigos, a los que por cierto nunca pude conocer, le llamarían de otra forma. Alguna noche se me pasó por la cabeza pedirle el carnet, pero seguro que su excusa sería tan buena, que no volvía a preguntar más. Nunca supe que le veía a ese bar, ni siquiera a mi me gustaba, y llevaba ya dos años viéndolo todos los días. La música era la misma que en cualquiera bar de la zona de Malasaña, la cerveza, no se, Heineken hay en todos lados, ¿chicas?, nunca le gustaron las chicas de ese bar, siempre se las traía él, siempre no, esa noche no. Ni siquiera creo que yo, “su camarero favorito”, le cayera bien. Me quede mirándolo, como muchas noches me dedicaba a hacer, ciertamente este trabajo era bastante aburrido. Vaqueros negros, más anchos de los que dictan los cánones, más bajos de lo que me los pondría yo. La sudadera gris, de alguna marca de la suyas, remangado, siempre se subía las mangas. Era un vanidoso, solo quería que las chicas vieran sus tatuajes. Unas letras, probablemente en algún dialecto del árabe, le recorrían más de la mitad del brazo izquierdo, otro de sus misterios, cuando le preguntaban por ellas, siempre decía: “Son simples garabatos que hizo mi hermano de pequeño”. La mano y el brazo derecho estaban reservados para sus estrambóticos gustos, un alfabeto griego completo que le recorría casi todo el antebrazo, una T que le cruzaba la parte superior de la mano y la muñeca, y un pentágrama que lo rodeaba casi a la altura del codo y en la que había dibujadas una clave de sol, una clave de Fa acompañada de un sostenido en si, y una redonda en sol. No le veía los pies, pero seguro que llevaba unas converses más sucias de los que la calle sola podía haberlas ensuciado. Tres pendientes, tres pendientes de madera, que iba intercambiando. Y su gorro, el que se quitaba y se ponía doce veces cada noche, ese gorro tan hortera, “Será muy guapo, pero combina fatal”. Volví en mi cuando la cuarta persona de esa noche entraba por la puerta y fui a atenderle.

Para entonces ya se había acercado los dos palmos de rigor y ya le susurraba algo al oído a la chica rubia. “Esta noche se ira antes de tiempo” pensé en ese momento y que poco equivocado estaba. Nunca le había visto ser rechazado por nadie, a esas alturas había perdido la esperanza de que alguna chica le rechazara en mi presencia




-Ahora es cuando tu me dices tu nombre- Le solté confiado en mi mismo. “A las chicas les gusta esto” pensé.
-¿Que te hace pensar que yo- recalcó toda la frase en el pronombre- te voy a decir por las buenas como me llamo? Y después es cuando te digo el nombre de mis tres gatos y la dirección de mi casa, aunque no te importe porque lo único que quieres es que vayamos ahí detrás a ver que puedes conseguir hacer conmigo.
-Pues…-

No se esperaba para nada esa respuesta, pero ella se creía muy lista. Sin quitar la cara de póker y señalándose con los dos dedos la figura añadió:- Porque soy Todd.

15 nov 2010

G y G

-¿Como era ella?-
-Había chicas más atractivas, pero, sin embargo, no eran más guapas. Destacaba su sonrisa, su puta sonrisa. A veces parecía que a través de su sonrisa la vida me pedía perdón por todo lo que me había ocurrido y me ocurriría. Tú la viste, sus dos ojos eran dos zafiros, dos Gemmas azules. Pero fuera de esto, era un libro de miedos y manías. Al principio no podía aguantarlas, pero después causa tanta influencia en mí que acababa yo mismo teniéndolas, es más, acabaron encantandome. Respecto a los miedos, nadie sabía ni uno de ellos, parecía super confiada cada vez que hacía alguna cosa, vivía con un aura de metro y medio a su alrededor, que a mi, personalmente, me costo casi un año romper del todo, pero que nadie podía penetrar. Casi nadie la había visto llorar, aunque todo el mundo la veía reír a carcajadas. Siempre tenia razón, siempre tenia que tener razón. Era nervio puro, yo siempre lo achaque a o tres o cuatro cafés que bebía por día, pero al final me di cuenta de que era parte de su idea de mantenerse viva. La persona más sociable que conozcas, nunca tenía una mala mirada, ni una mala cara con nadie, nunca nadie le caía mal, y sobre todo le sonreía a todo el mundo, incluso a la gente que no conocía por la calle. Alguna vez le vi rechazar a algún tío, en alguna barra de Malasaña, con un sonrisa de oreja a oreja y con dos o tres "lo siento" por frase. Era el máximo exponente de la chica guapa y intocable, de rojo, del final de tu clase. La que nadie sabe su nombre, pero todo el mundo jura que le ha sonreído. Le encantaba tener el control de las cosas, nunca nada se le podía ir de las manos y siempre sabía que me pasaba por la cabeza, aunque siempre se hacia la tonta y parecía lo contrario. Acabe acostumbrándome a su extravagante presentación: "Hola, Gemma, con dos emes por favor".

-¿Como era él?
-Había chicos más guapos, pero sin duda no más atractivos. Siempre tenia cara de pena, no le gustaba sonreír, muchas veces me obligó a tirarle de los mofletes para ver como era su cara con una sonrisa. Le encantaba mirarme fijamente a los ojos, creía que así me leía el alma o algo así, ¡Como si eso fuera posible! Era una persona muy solitaria, cuando le conocí a penas había tenido relaciones, era muy patoso con las chicas. Casi adorable. Pero es que tampoco tenía amigos, el típico chico raro, interesante pero raro, que se sienta al final de clase y no coge apuntes, sino simplemente mira por la ventana, y de vez en cuando coincide su miraba con la tuya, porque no puedes dejar de mirarlo. Le encantaba la ficción, aunque conseguí que viera películas románticas y leyera libros otro tipo de libros. La conseguí meter dentro de mi ultrarrealidad. Cuando le presentaba a alguien siempre daba la mano floja y miraba hacia otro lado, a penas se le oía cuando decía su nombre. Era un chico raro, sin embargo las cosas que hacía eran las típicas de un chico de 20 años. Le gustaba correr, el deporte en general, las series americanas, Starbucks, y hablar sobre literatura y filosofía. Lo que más me sorprendía de él, era su capacidad de cambiar de opinión en pocos segundos sobre cualquier tema, y que siempre me diera la razón, siempre creyó que me encantaba. De hecho me encanta, pero nunca lo digo. También me sorprendía su manera que tenia de abrirse como un libro abierto a las pocas, muy pocas personas, con las que hablaba. Era difícil no conocerle. Pero más difícil era no querer conocerle.

14 nov 2010

Dos

Había llamado cien veces a ese timbre, esperado en ese portal un numero incontable de días. Y esa tarde era la primera en la que se fijaba que el numero dos, de segundo derecha, su segundo derecha, estaba torcido.

Esa tarde estaba particularmente nerviosa, normalmente su hiperactividad se basaba en saltos a la cama mezclados con algún pellizco o codazo involuntario, pero aquella tarde añadía carreras tontas por el pasillo, bromas a su hermana casi sin sentido, y besos locos por toda la cara de él. Evidentemente ya sabia que algo pasaba, no era difícil  ver cuando ella mascullaba algo importante, él siempre se hacía el tonto y le seguía el juego, pero aquel día cambio de opinión y decidió acostarse a leer a esperar que ella se le acercara, cerrara la puerta y empezara un monologo de dos. Cansado de esperarla, a las dos horas, la cogió por el brazo y cerro él la puerta.
-Cuéntamelo- Ella le contestó simplemente mordiéndose el labio y con una mirada contrariada.

-¿A donde va esto, Gabriel?- Él ya había conseguido tranquilizarla, y con la pequeña cabeza de ella sobre su pecho le acariciaba el pelo. Llevaban más de media hora hablando de algún tema que nadie recordaría.

Cuando se levantó, dejándola a ella en una posición rara sobre la cama, sonaba una canción rockera de lo que parecía Sabina. Él ya había sacado ese tema infinidades de veces, con su característica sutilidad de hormiga, pero ella, con su característica sutilidad paquidérmica, zanjaba los temas. La relación, una vez más y como tantas cosas, se movía al ritmo de sus ojos azules. Dio un largo suspiro, la miró y se dispuso a recitar el guion ya aprendido para esa ocasión. Pero en el último segundo, y mientras retumbada aquella frase en su cabeza, lo cambio por dos palabras, por ocho letras.

9 nov 2010

UveDoble

-Te vas a resfriar, entra dentro a ver la peli.

No le interesaba para nada la enésima reedición de Titanic. Había salido al balcón a leer, como hacia siempre, daba igual inviernos o veranos. Siempre se despistaba con la gente que pasaba. Tonta manía. Le doblo una esquina a Marquez y coloco su mentón encima de la mano, la del tatuaje, y perdió en la mirada en aquel chico de blanco. Flotaba como en una nube, pantalones caídos, sudadera ancha blanca, Converses y un gorro Billabong, azul, feo, muy feo. Iba andando y cada paso lo hacia como con si llevara un muelle en los pies, al compás de la música, pensó que sonaría una canción de MGMT en sus cascos. Que iba pensando en la noticia de esta mañana de que saldría un disco nuevo de ellos, o a lo mejor los llevaba apagados, con ese frió no era raro no sacar las manos para nada, y que iba absorto en el recuerdo de unos ojos como los de ella. A lo mejor sabia que le estaban observando y su leve contoneo solo se debía a que se había dado cuenta de que alguien le miraba y estaba actuando. O simplemente llegaba feliz a casa después de un día duro de trabajo, estudio o deporte. De pronto en una de las absorciones al compás musical casi choca con la vecina del tercero, una señora mayor muy amable, muy entrometida y muy alegre. Esa mujer que a él ya no le interesaba, solo le interesaba la gente que aun demostraba un misterio, que podía imaginarse como eran, o como serian en su mundo ficticio, en su cabeza. No le gustaba conocer gente, nunca se cumplía la totalidad de las cosas que pensaba de esas personas, y eso le frustraba. Las personas les gustaban más como el se las imaginaba. 

Había vuelto a absorberse en el libro cuando ella salió por detrás. Le quitó el libro de las manos a la vez que le mordía en el hombro.

-Has leído este libro ya tres veces. Como odio la ficción.
-La ficción es la cara buena de la realidad- Contestó él mientras se daba a vuelta- Sin ficción no existiria la realidad.
-Te equivocas, simplemente se refugian en ella. Es fácil escribir algo que no has vivido, lo difícil es hablar de lo que sientes y saber hacerlo bien. Siempre nos refugiamos detrás de una mascara y de dos mil capas de escudos reflectores. Solo dejamos ver los defectos de los demás y nunca los nuestros. La ficción esconde aun mas esas capas y solo deja ver un mundo en el que los errores de la gente no tiene repercusión. Porque no son reales. 

El solo pudo mirar hacia arriba, mientra sonreía y se mordía el labio. "Siempre tiene que tener una opinión por encima de mí, le encanta tener razón"

-Ahora ven dentro, que vas a acabar como Di Caprio en la peli. Y yo no pienso dejarte mi trozo de madera sino te lo ganas- Puso una de sus sonrisas y le cogió de la mano tirando de él hacia dentro. 

8 nov 2010

Camisa a cuadros

Solo podía recordar aquella camisa a cuadros vieja, muy vieja. Ella nunca llevaba camisas, todo lo contrario, pero aquella noche, con su canción preferida de fondo, Non je ne regrette rien, esa que siempre cantaba por la calle, esa que tenía de tono en el móvil, y sobretodo esa que había sido la banda sonora que después presidiría su ruptura, apareció por su puerta, empapada. Aquella seria la primera noche que ella perdía la camisa, la camisa y el miedo. Ese miedo irracional. Ese que siempre aparecía, cuando las manos sobrepasaban el limite, para contradecir su seguridad férrea, su autosuficiencia, su soberbia. Primero solo sintió el calor de su cuerpo, siempre pensó que era como una pequeña estufa, pero después se dio cuenta de su temblor, de su indecisión. La miro a los ojos un momento, y todo lo que tenia que decirse se dijo en silencio, en el más absoluto y temeroso silencio.

Él siempre tenia la capacidad de hacer que se olvidara de todo, ni sus ideales, ni su pasado, ni mucho menos su futuro podía penetrar cuando se encerraban, sin pestillo, sin seguro, en su habitación, la de ella. Sus ojos le infundían el calor que necesitaba, el justo y necesario, y cuando no eran suficientes su mano izquierda hacia el resto. Hacia unas horas que su camisa, la de papa, había acabado en el suelo. Entonces el pánico la había invadido, más que nunca desde que se veían, había sentido perder el control de una situación por primera vez en tres meses. Siempre era una chica modelo, de las que pueden hablarte de cualquier tema y no desentonar, pero solo tenía un punto débil, que a ningún chico le había dejado descubrir, pero que Gabriel le había pillado desde la primera noche que las cosas pasaron el limite de la amistad. Antes incluso de que sus amigas supieran que existía. Antes de que él le mordiera en el cuello por primera vez. Y sobretodo antes de que la viera llorar por primera vez.

-El miedo siempre es infundado, nada debería ser capaz de provocarnos miedo, pero sin embargo tememos a las mayoría de las cosas.
-Pero es que no puedo evitarlo.
-No tienes que evitarlo, ya estoy yo para eso. 


2 nov 2010

Yin, Yang.

De tan diferentes, eran iguales.


"Al principio hay deseo, luego pasión, luego sospecha, celos, ira, traición. Cuando el amor es para el mejor postor no se puede confiar, y sin confianza, no hay amor. Los celos, si, los celos, te volveran loco " Moulin Rouge

Era 7 de Marzo. Abrió sus pequeños ojos azules, aun estaban un poco pegados. Ayer había sido un buen día, con una culminación perfecta, alocada, pero perfecta. Recodaba con todo detalle el momento que perdieron la cordura en aquel coche, mientras de fondo sonaba una canción de Lori Meyers. Ella era una experta en eso de mantener el control, era una experta en controlar relaciones. Demasiado sufrimiento, o lo que la gente llama así, había pasado ya. Pero esa noche, y esa relación se le iban de las manos. Él se le iba de las manos, era más de lo que podía pedir a veces, y ella pensaba ser menos de lo que él quería. Nunca se lo dejaría ver, pero lo sentía así. Siempre había pensado que viviría sola, y moriría en un final como el de Seven, con su apocalipsis y su apoteosis. Últimamente había empezado a pensar en vestidos blancos, y niños pequeños. Algo más de mujeres, dicen. 

-No fuiste elegida al azar- Le dijo mientras le aplastaba la nariz.
-No creo en el azar, ya sabes- Contestó ella.

" Las ganas de inventar y  un ¡Atiza! al cielo,
marcarán la frontera de mi razón.
Y un arsenal de paciencia y celos
nos recuerdan las chicas no pagan dinero"  Vetusta Morla - Los buenos 

Era 7 de Marzo. Le encantaba que lo primero que viera al despertar fuesen sus ojos. Su muñeca, la de la W, estaba junto a la suya, la de las dos emes. No quería recordar lo de ayer, seguro que ella pensaba que había sido demasiado fogoso. Él era un inexperto en eso de mantener a raya sus emociones, era un inexperto en las relaciones. Pero con ella parecía fácil, todo salia sin planearlo, sin pensarlo. -"Ella es una de esas chicas que van de jipis, y acabaran casadas de blanco y por la Iglesia" -Le habían dicho una vez. Nunca pensó que podría casarse, no quería pensar una cosa así -"Por dios"-Pensó. No le daba miedo el compromiso, pero no estaba bien pensar en esas cosas que después salen mal. Él sólo quería saber cuanto azúcar le apetecía en el café, era un síntoma de su estado de animo, y donde irían esa noche a cenar, lo demás estaba demasiado lejos como para ni siquiera tenerlo en cuenta. A lo mejor era momento de ser romántico. Es cosa de hombres, dicen. 

26 oct 2010

Gamma

Dos grados. Un aire muy feo azotaba la persiana, era una tarde para quedarse en casa. Para quedarse como muchas veces se quedaban abrazados. Acababa de terminar una peli, de las que tanto le gustaban a él, y de las que estaba convencido que le gustaban a ella. "¿Es impresionante verdad?"- La cara de ella dijo más que cualquier respuesta "Nunca me conocera"-pensó. Saltó sobre la cama. Él entre risas saco una pregunta que parecía que llevaba mucho tiempo esperando hacerle.
-¿Alguna vez te pidió que te describieras?
-Si, y no volvió a hablar sobre ello.
-¿Qué le contestaste?-Se hizo un silencio, que ni siquiera se podia llamar incomodo. Solo se podía ir la canción de Tomato in the rain, que ella había puesto hacía diez segundos.
-Modestia y Caramelo. Solamente eso- Aunque sonrió, dentro de ella volvió esa sensación de dolor. Aun pensaba demasiado en él.
Se sabia curaba, sonría a la gente, incluso a él. Algunas veces iba por la calle mirando y sonriendo a la gente como si fuera la primera vez que veía a una persona.
No le había vuelto a ver, no se atrevía ni siquiera a abrir su página de facebook. Nadie en su circulo de amigas se atrevía a mencionar su nombre, ni ninguno que recordara o pudiera recordarlo. Lo cierto era que no había vuelto a poder aprobar un examen. Rompía a llorar cada vez que abría el cajón y veía aquella carta roja, aquella misma que no se había atrevido a tirar, que nunca se atrevería a tirar, y que tenia que leer todos los días. Cada vez que recordaba cuando se hicieron aquel tatuaje juntos. Y cada vez que recordaba las veces que no había sabido decirle te quiero, cuando tenia que decírselo.
Ella, todos lo sabían, era de aquella escuela de la gente que no se arrepiente de nada, de la que no le afecta nada exterior, de los que parecen tan seguros de si mismos que nadie puede tocarlos. De las chicas a las que nadie se puede acercar, de las que parecen inaccesibles. Pero aquella frase que coronaba la fatídica carta había acabado por romper todos sus esquemas. Aquella frase que nunca podría olvidar:
"Gemma, no me gusta el café. No me gusta acostarme en el césped y levantarme mojado. No me gusta el frío, ni la lluvia. Nunca me gustaron las chicas de ojos azules. Pero de ti me gustaba hasta la última manía, hasta el último lunar. Algunos indígenas de la selva del Amazonas distinguen 42 tonos de verde, donde tú sólo verías uno. Yo distingo miles tonos de rojo, donde tú sólo ves uno".

21 oct 2010

La ley de Murphy

Cuando ella decía que sí, él siempre pensaba que le mentía. Cuando ella decía que estaba llegando, él sabía que tendría que esperar más de trece minutos. Siempre que intentaba discutir con ella, le decía no seas tonto, sacando una sonrisa y besándolo en la mejilla. "Así es imposible" se repetía a menudo. Desde fuera parecía la persona más feliz del mundo. Sus pocos amigos nunca le preguntaban por ella. Ella era su vida paralela, la que siempre le había completado la falta de compañía que sentía desde que era pequeño.
No sabía como en su cabeza podía ponerse aquel pensamiento. "Así es imposible". Ese pensamiento llevaba atormentándolo varias noches. Se repetía a si mismo que era una locura, que no podía vivir sin ella. Pero ¿ y si, sí podía hacerlo? ¿Y si su vida fuera mejor sin el tormento que le provocaban sus mil manías? ¿Sin tener que decirle que no se mordería la uñas? ¿Sin tener que decirle que no dibujara con el dedo en el vaho del espejo? ¿Sin tener que decirle que no llegara tarde siempre? ¿ Sin tener que decirle que para él con tomar un café al día era suficiente? ¿Sin tener que estar arracándole los te quieros?... ¿Sin poder abrazarla cuando volviera de clase y que ella se riera de sus quejas? 
Algo le contesto a todas esas preguntas. Le sonó muy profundo, muy dentro de él, pero extrañamente sonó su dulce voz, la dulce voz de ella: "No sería tu vida, seria la de otro que no la tuviera a ella".

Descolgó el teléfono y marcó el numero que se sabía de memoria. Al otro lado de la ciudad una mano femenina con dos pequeñas emes tatuadas en la muñeca contestó:

-¡Dígame!.
-¿Sabes que te quiero, ojitos azules?
-Ja, ¡Siempre has sido un cursi!- Esas palabras lejos de crisparle arrancaron la sonrisa que necesitaba ese día. Y volvió a recordar aquella frase "Con dos emes por favor" 


20 oct 2010

Identidad

Dos horas hacía ya. Dos malditas horas.
Había llegado de clase como cualquier día normal, todavía no hacia el frío estrepitoso que debe hacer a finales de octubre en la capital. Llevaba toda la tarde dando vueltas al tema, poniendo en su cabeza una lista imaginaria de pros y contras, en varias ocasiones la gente de clase le había sacado de la ensoñación con alguna colleja o alguna broma de mal gusto. Es por éso que no se relacionaba con ellos, no tenia necesidad de contacto humano con personas cuya máxima aspiración era quien ganaría el pichichi ese año.
Ahora de vuelta a la habitación, al balcón de siempre. "A lo mejor ella esperaba que la llamara antes, a lo mejor aún tengo que hacerme el interesante un poco más, ¿y si no me lo coge?,¿ y si esta ocupado? puede ser que solo tenga esta oportunidad". Dos malditas horas después descolgó el fijo de casa y marcó el numero que llevaba apuntado en aquel papel rosita, los numero no podían ser de otro color que no fuera azul, claro. Un sudor frío recorrió su espalda, y por fin sonó el primer tono. Sintió un impulso demasiado grande de colgar, romper el papel y irse a su habitación a llorar, a llorar por su cobardía. Segundo tono, apenas podía sujetar el auricular contra la oreja, se repetía en su cabeza lo que diría cuando contestara ella. Tercer tono, se sintió aliviado, no lo va a coger, era lo normal. De repente alguien descolgó al otro lado y pregunto con suave voz -"¿Quien es?"- Su voz era como recordaba, tal y como se la había imaginado en  los dos días que habían pasado. Se le había olvidado el monologo que llevaba repitiéndose en los dos siglos que pasaron entre el primer y el tercer tono. Así que fue él mismo.

Se sentó en un banco y se puso a juguetear con el móvil, apoyó el café en el banco, ya estaba frío "Deja ya de pedir el vice, Gabriel". Llegaba cinco minutos antes de la hora, era típico en él la ultra puntualidad, odiaba hacer esperar a la gente. Plaza de España tenia un color anaranjado y verde muy otoñal, pero el sol seguía calentando tanto que le sobraba la sudadera. Pasaban cinco minutos de las 12 en punto, los cinco minutos de rigor, cuando alguien le golpeó en el hombro.
-Hola, ¿llego muy tarde?- Y antes de que el pudiera contestar a aquellos ojos azules ya estaba dándole dos besos- Bueno, ¿donde vamos? Conozco una cafetería perfecta aquí a lado. ¿Te gusta el café Africano? Te gustara seguro.
Le encantaba que ella no le dejara hablar, siempre lo hizo. Por otro lado, el estaba temblando, y no había podido articular ni una sola palabra, ella parecía rígida, fría. Pero a la vez era cálida y cercana. El ya había tomado café ¿Pero que más da?

Mientras hablaban de infinidad de trivialidades sin sentido, y de cosas de sus vidas cotidianas, como si fueran dos conocidos de toda la vida, él no podía dejar de mirarla a los ojos y de recordar la misma frase "Con dos emes por favor". Eran tiempos felices.

15 oct 2010

Punto Medio

-Simplemente somos de esa generación en la que vivimos enfadados y no sabemos porqué. Es una época en la que la gente odia amar, pero por otra lado le encanta ser amado. No quiere sufrir por otra persona, pero tiene un oscuro deseo a que todo el mundo le adore.
-Siempre ves a la gente demasiado egoísta. ¿No puede ser que simplemente exista el amor, y que algunos tengamos miedo a él y sus efectos?
-Cariño, el amor no existe y lo sabes. Tu mismo me has dicho que no hay nada imprescindible en este mundo, y el concepto de amor lo contradice totalmente-Acabo su frase con la sonrisa de siempre, la de los domingos.
-¿Entonces no me amas?
-Por supuesto que no, y ya lo sabes.
La rabia que había sentido unas 13 veces antes volvió a surgirle, cerro los puños y miro hacia otro lado. Cuando volvió la mirada, ella estaba pasando la hoja, vio las dos pequeñas emes tatuadas en su muñeca. La miró a los ojos y lo soltó: "Pues yo te quiero mucho". Ella sonrió, lo cogió de la nariz en un gesto cariñoso y respondió sin demasiada importancia "Sabes que yo también".

14 oct 2010

Empieza por L

Estaba sentado delante del papel, dio un largo suspiro y se llevo las manos a la cabeza. Solo había podía poner el titulo "Ser o no ser". "Cien palabras, tu opinión sobre que es importante y que no en la vida" había dicho el profesor 13 horas atrás. Se puso a pensar desde ese momento, necesitas el aire, necesitas el agua, necesitamos una socialización, amistad, comunicación, Amor. "¿Amor?"- Siempre tenia la manera de contradecir todo lo que decía, conseguía que él mismo se pusiera en duda hasta los pilares más arraigados de su pensamiento. "El amor no es necesario, eso es una idea de la Iglesia. Ni siquiera creo que exista algo a lo que se le pueda denominar amor" Desde ese momento no había sabido que escribir en aquel folio en blanco. De repente las trece horas de estar en blanco desaparecieron. El mismisimo Shakeaspare, indirectamente sobre el personaje de Hamlet, ya había intentado contestar a esa pregunta. Es imposible que sepamos que es imprescindible para vivir, o para vivir bien, nadie podrá contestarlo, podría estar una vida entera dándole vueltas y solo conseguir una frase mítica, que no respondería para nada a todas esas dudas, pero seria bonita. "Siempre se nos viene encima algo, parece que se acaba el mundo, y días después estamos sonriendo con una nueva meta en la vida. García Marquez lo escondía detrás de una ficción agresiva, tu detrás de tu indiferencia, y yo mismo lo escondo detrás de una sonrisa incombustible. Todos sabemos que no somos inmunes, pero sabemos que sigue la vida. Aunque lo "necesario" desaparezca".Cambió en el word  toda la letra a Sans MT, tamaño 12 y color rojo y se lo envió a ella. "Muy bien cariño, ahora acuéstate que mañana madrugas"- Todo dio vueltas, otra vez le trastocaba los planes, a lo mejor algo si es imprescindible.
Aquel jodido recuerdo de lo que dijiste seguía retumbandole en la cabeza junto a aquella canción "La luces, mi alma, mi cuerpo, mi voz no sirven de nada... ". "Con dos emes por favor".

10 oct 2010

El día que se acabo el verano

Era la noche en que definitivamente se acababa el verano en Madrid. Una noche de lluvia y frió, pero de las que apetece estar debajo de la lluvia mojándose, y no sentado en una butaca de tu salón. Eran la 4 de la mañana, y en la televisión sonaba un vídeo musical " Breaking my back just to know your name...". Aun estaba torturándose por los pensamientos que le producía aquel libro gris que le habían regalado. Hacia como 16 horas que lo había tomado, pero el sabor a canela y caramelo del café le seguía sabiendo en la boca. Llevaba sin ir al centro seis meses, y no era casualidad que hubiera ido esa mañana. Se estaba torturando sabiendo que estaba tan cerca, 20 km, pero tan lejos. Lo que hubiera pagado porque aquella noche no se acabara todo. Pero se acabó.
Giro la cabeza y volvió la mirada hacia atrás, en el espejo vio a un chaval de 19 años, con el pelo sucio y un pijama rojo. Lo vio demacrado, "fruto de la oscuridad seguro" pensó,  lo vio cabizbajo y con necesidad de que alguien le ayudara a salir de esas arenas movedizas en las que, muy bien acompañado por cierto, se había metido. Miró hacia delante, hacia la televisión, el vídeo musical aun sonaba "It's not confidential, I've got potential". La pantalla se puso en negro un segundo, vio a un chico joven, pero con una mirada profunda, con desparpajo, con ganas de comerse el mundo, empezando por Madrid. Llevaba un pijama rojo y el pelo alborotado. 
Con el último golpe de platillo de la batería de Ronnie Vannucci, se levantó, apagó la tele y se fue a dormir. "Mañana volveré al centro" dijo, pero sus labios apenas se movieron.
Pero en su cabeza seguía retumbando aquella frase " Con dos emes por favor"

9 oct 2010

Gabriel

Nombre de Arcángel. Piel de cordero. Siempre había tenido aquella tonta manía de intentar adivinar como era la vida de las personas que se sentaban a su lado en el autobús. Esa noche una mujer muy bien pintada se sentó a su lado, imaginó que era la típica mujer soltera, la típica mujer que le gustaba salir y moverse, que se sentía útil y que para nada sola. Veía una sonrisa en su cara, eso le hizo reírse. Yellow sonaba en los cascos, era perfecta para el día horrible que hacía. La lluvia afeaba el paisaje de su nueva ciudad, su nueva y vieja ciudad, la que llevaba años teniendo en la cabeza, pero en la que nunca había vivido. Recordó por un momento lo que le había pasado el día anterior, y seguía como absorto en sus pensamientos, mirando la lluvia. Antes de llegar a su destino un hombre se sentó a su lado, pelo largo, nada especial. Imaginó que tendría tres hijos, dos hijas y un niño, les quería más de lo que podía expresar, de lo que se atrevía a expresar. Solo desde que su mujer murió, enfrentándose a infinidad de problemas, malviviendo con dos trabajos, se le notaba en la cara, si, se le notaba en las arrugas que afeaban su rostro, no tendría mas de 40 años, pero estaba demacrado, como si hubiera vivido tres vidas. De repente se vio reflejado en el cristal, por un segundo vio que era aquel hombre, se asusto y sobresalto, el hombre a su derecha ni hizo ademan de inmutarse. Otra de sus manías, siempre se sentaba a la izquierda del autobús, casi siempre por la tarde el sol le daba en la cara, pero era un impulso irremediable. Recordaba esa mañana, un día más se levanto alrededor de las doce, siempre le gustaron los espejos enfrente de la cama, tenia que comprar uno. Siempre se había sentido identificado con aquella canción de Fito "no tengo nada para impresionar, ni por fuera ni por dentro". Nunca le importo no destacar por encima de la media, le gusta pasar desapercibido, ser el chico de clase al que nadie conoce y por él que siempre preguntan cuando ven las notas colgadas en la pared con una chincheta roja. Roja como la que sujeta su póster de Watchmen, enfrentado al de Pulp Fiction. Siempre llevaba una novela de García Marquez encima, era su vía de escape del mundo, a uno de los mundos paralelos de el colombiano. Nunca pensó que le haría falta una mujer en su vida, nunca hasta ayer claro. "Con dos emes por favor" fue lo último que recordó antes de salir por la puerta.

5 oct 2010

Gemma

Olías a Mora. Aun recuerdo aquellos días que subía a la segunda planta de mi casa y seguía oliendo a ese dichoso perfume. Nunca tuve una memoria prodigiosa, pero aun recuerdo desde el día que pronunciaste tu nombre por primera vez, hasta la noche en la que yo lo hice por última vez, seguido de un Te Quiero. Siempre pensé que tu nombre, tus ojos, y tu manera de mover la cabeza era lo que me haría perder la cabeza un día. Siempre me ha encantado que te hagas la tonta, aunque siempre hayas sido más inteligente que yo. Me gusta no llevar razón nunca, que ni siquiera des opción a ello. Pero de todo lo nuestro, lo que lleva tu nombre y el mio bordado con un color azul eléctrico. Azul como tus ojos. De todo lo nuestro sólo rescataría una cosa, una cosa que merece un marco en mi memoria, y que recuerdo como si fuera el primer día. "Recuerdo que me asomé al balcón, como cada noche, como cada día de enero, entre cafe y sociología, entre el correo y Teorías de la Información. Un hombre mayor paseaba por la acera de enfrente, una chica con unas pintas un poco raras y unos cascos a juego con su ropa violeta cruzaba a la otra acera. Por la esquina venía una chica, normal, corriente. El coche de mi padre salia de la cochera, una noche más, mi hermano jugaba en la otra esquina a las cartas. La chica se aproximaba, una falda vaquera clara, el pelo negro, en ese momento me pareció el pelo más negro que había visto, una sonrisa en la cara, como si no le afectara el viento en las piernas, como si su blusa azul hiciera de pararrayos de los problemas. Quería hacer algo para que me mirara, pero no me atrevía, no era capaz. Maldita Cobardía un días más. Entonces el boli se me escapó de las manos, cayo a su lado, y miró hacia arriba. Había una cosa de la que no me había dado cuenta, una cosa, de la que por muy normal que pareciera esa chica en un principio, hubiera cambiado las cosas. Tus ojos. Miraste hacia arriba y fue como un shock, es una sensación indescriptible, solo se me ocurre una metáfora, la del olor del césped recien cortado con el de las naranjas recién trituradas, la sensación de sentirte vivo y fresco, nuevo y agrio, amargo y hipnotizado. -Creo que se te ha caído- Tu voz sonaba como me la había imaginado en ese segundo interminable, en el segundo más largo del universo, donde las milésimas eran siglos, en ese segundo que tardaste en abrir la boca desde que tus ojos me habian destrozado por dentro y aliviado por fuera. Puede ser que ese momento cambiara mi vida, puede ser que mi muestra de valentía de ahí en adelante cambiara el transcurro del universo y de las teorías astro-físicas de el futuro. O puede ser que ese momento solo fuera una muesca más en el camino, un momento finito, como todo, y que no cambiaría mi manera de ser, ni tu manera de actuar, ni tu desmán, ni tus desaires" De todo lo nuestro sólo rescataría una cosa, una cosa que merece un marco en mi memoria, y que recuerdo como si fuera el primer día. Tu nombre, -"Gemma con dos emes por favor-.