-¿Como era ella?-
-Había chicas más atractivas, pero, sin embargo, no eran más guapas. Destacaba su sonrisa, su puta sonrisa. A veces parecía que a través de su sonrisa la vida me pedía perdón por todo lo que me había ocurrido y me ocurriría. Tú la viste, sus dos ojos eran dos zafiros, dos Gemmas azules. Pero fuera de esto, era un libro de miedos y manías. Al principio no podía aguantarlas, pero después causa tanta influencia en mí que acababa yo mismo teniéndolas, es más, acabaron encantandome. Respecto a los miedos, nadie sabía ni uno de ellos, parecía super confiada cada vez que hacía alguna cosa, vivía con un aura de metro y medio a su alrededor, que a mi, personalmente, me costo casi un año romper del todo, pero que nadie podía penetrar. Casi nadie la había visto llorar, aunque todo el mundo la veía reír a carcajadas. Siempre tenia razón, siempre tenia que tener razón. Era nervio puro, yo siempre lo achaque a o tres o cuatro cafés que bebía por día, pero al final me di cuenta de que era parte de su idea de mantenerse viva. La persona más sociable que conozcas, nunca tenía una mala mirada, ni una mala cara con nadie, nunca nadie le caía mal, y sobre todo le sonreía a todo el mundo, incluso a la gente que no conocía por la calle. Alguna vez le vi rechazar a algún tío, en alguna barra de Malasaña, con un sonrisa de oreja a oreja y con dos o tres "lo siento" por frase. Era el máximo exponente de la chica guapa y intocable, de rojo, del final de tu clase. La que nadie sabe su nombre, pero todo el mundo jura que le ha sonreído. Le encantaba tener el control de las cosas, nunca nada se le podía ir de las manos y siempre sabía que me pasaba por la cabeza, aunque siempre se hacia la tonta y parecía lo contrario. Acabe acostumbrándome a su extravagante presentación: "Hola, Gemma, con dos emes por favor".
-¿Como era él?
-Había chicos más guapos, pero sin duda no más atractivos. Siempre tenia cara de pena, no le gustaba sonreír, muchas veces me obligó a tirarle de los mofletes para ver como era su cara con una sonrisa. Le encantaba mirarme fijamente a los ojos, creía que así me leía el alma o algo así, ¡Como si eso fuera posible! Era una persona muy solitaria, cuando le conocí a penas había tenido relaciones, era muy patoso con las chicas. Casi adorable. Pero es que tampoco tenía amigos, el típico chico raro, interesante pero raro, que se sienta al final de clase y no coge apuntes, sino simplemente mira por la ventana, y de vez en cuando coincide su miraba con la tuya, porque no puedes dejar de mirarlo. Le encantaba la ficción, aunque conseguí que viera películas románticas y leyera libros otro tipo de libros. La conseguí meter dentro de mi ultrarrealidad. Cuando le presentaba a alguien siempre daba la mano floja y miraba hacia otro lado, a penas se le oía cuando decía su nombre. Era un chico raro, sin embargo las cosas que hacía eran las típicas de un chico de 20 años. Le gustaba correr, el deporte en general, las series americanas, Starbucks, y hablar sobre literatura y filosofía. Lo que más me sorprendía de él, era su capacidad de cambiar de opinión en pocos segundos sobre cualquier tema, y que siempre me diera la razón, siempre creyó que me encantaba. De hecho me encanta, pero nunca lo digo. También me sorprendía su manera que tenia de abrirse como un libro abierto a las pocas, muy pocas personas, con las que hablaba. Era difícil no conocerle. Pero más difícil era no querer conocerle.
Vaya, impresionante :)
ResponderEliminarOjalá algún día alguien diga todo eso de mi.
Aunque a día de hoy no lo veo viable...