Había llamado cien veces a ese timbre, esperado en ese portal un numero incontable de días. Y esa tarde era la primera en la que se fijaba que el numero dos, de segundo derecha, su segundo derecha, estaba torcido.
Esa tarde estaba particularmente nerviosa, normalmente su hiperactividad se basaba en saltos a la cama mezclados con algún pellizco o codazo involuntario, pero aquella tarde añadía carreras tontas por el pasillo, bromas a su hermana casi sin sentido, y besos locos por toda la cara de él. Evidentemente ya sabia que algo pasaba, no era difícil ver cuando ella mascullaba algo importante, él siempre se hacía el tonto y le seguía el juego, pero aquel día cambio de opinión y decidió acostarse a leer a esperar que ella se le acercara, cerrara la puerta y empezara un monologo de dos. Cansado de esperarla, a las dos horas, la cogió por el brazo y cerro él la puerta.
-Cuéntamelo- Ella le contestó simplemente mordiéndose el labio y con una mirada contrariada.
-¿A donde va esto, Gabriel?- Él ya había conseguido tranquilizarla, y con la pequeña cabeza de ella sobre su pecho le acariciaba el pelo. Llevaban más de media hora hablando de algún tema que nadie recordaría.
Cuando se levantó, dejándola a ella en una posición rara sobre la cama, sonaba una canción rockera de lo que parecía Sabina. Él ya había sacado ese tema infinidades de veces, con su característica sutilidad de hormiga, pero ella, con su característica sutilidad paquidérmica, zanjaba los temas. La relación, una vez más y como tantas cosas, se movía al ritmo de sus ojos azules. Dio un largo suspiro, la miró y se dispuso a recitar el guion ya aprendido para esa ocasión. Pero en el último segundo, y mientras retumbada aquella frase en su cabeza, lo cambio por dos palabras, por ocho letras.
"te quiero"...ohh xD
ResponderEliminarMe guzzta :)