28 ene 2011

María

Esa risa no era la que él esperaba, ni mucho menos. Pero no perdió la compostura, tenía un propósito, y por muy dura que fuera esa chica la conseguiría. Aunque a lo mejor iba a necesitar un poco de ayuda.




-¿Quién coño es esa chica?- Sonaba Turnedo de Ivan Ferreiro, no haría ni un minuto que la chica se había ido.
-No sé…- Contesté yo apresuradamente- Apenas la he visto tres veces.
-Tú siempre sabes algo, empieza.
-Solo sé que vino hará un par de semanas y me dedicó una de sus sonrisas de esas en las que te enseña todos los dientes, blancos, rectos. Esas que le cierran un poquito sus ojitos verdes. Y claro si no las conoces es difícil fijarte en otra cosa, sonríe tanto que es fácil saber cuando no está agusto, cuando le pasa algo. Es casi transparente. Contigo sonreía bastante por cierto. Siempre lleva su pelo dorado suelto, por favor, suelto. Cuentan que es de la escuela del "porque yo lo valgo". De la escuela en la que no existe el amor, solo la dependencia. Dependencia, como la que se tiene de ella, de su cintura de avispa, de su cuerpo delgadito y fino. Yo, si fuera tú, no me atrevería a tocarla, un día se te puede romper entre las manos o algo. Pero no sabes lo flexible que es, te juro que un día la vi doblarse totalmente, lo juro. Con esa chica es difícil no usar los diminutivos, son casi como si hubieran sido inventados para ella, como si no fuera posible describirla sin usarlos. Pero eso es para quien no la conoce, como yo.
“Pero quien la conoce, me cuentan que sabe como ponerte en tu sitio, que no se para por una mala broma, o una mala palabra. Que sabe agachar la cabeza, pero que también sabe levantara. Que sabe ser dura, pero que también sabe ser tierna. No podría ser menos que sincera, fuera de esas frases hechas, clichés y tópicos, sabe cuando mirarte a los ojos y romperte el corazón, pero, como no, también sabe provocarte, ponerte a su pies. O al menos eso cuentan.
Con buen gusto, por supuesto, es de letras. Alguna vez oí que le encanta Madrid, que le encanta Madrid en otoño, cuando llueve, pero que también le gustan los frapuccinos del Starbucks. Contra todo pronostico, no olvidemos que se trata de una señorita, le gusta la cerveza australiana, más aun que las bebidas rosas en vasos con frutita.
Dicen los chicos que han intentado cortejarla, que es difícil, complicada, y que nunca podrías acertar con ella, al menos que te dediques a no dejarla pensar, a que no piense en su vida, a que no piense, que la lleves siempre al limite, de la playa a la piscina, de la piscina a la disco y de la disco a la colmena. Pasando por una sesión de pelis amorosas en tu casa. Eso es, claro, imposible. Pero mire usted, si merecerá la pena, que lo siguen intentando. Pero bueno, ya las has visto, ¿Qué puedo decirte yo?
-Menos mal que no sabias nada- Me miró levantando las cejas, como muchas veces hacía cuando algo le sorprendía.

-Tengo una buena noticia para ti- Alcance a oír en su voz femenina cuando ella llegaba- Creo que voy a dejar que me des un beso.

Me acerque a su oído y le susurre: “Por cierto, se llama María”

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