Nombre de Arcángel. Piel de cordero. Siempre había tenido aquella tonta manía de intentar adivinar como era la vida de las personas que se sentaban a su lado en el autobús. Esa noche una mujer muy bien pintada se sentó a su lado, imaginó que era la típica mujer soltera, la típica mujer que le gustaba salir y moverse, que se sentía útil y que para nada sola. Veía una sonrisa en su cara, eso le hizo reírse. Yellow sonaba en los cascos, era perfecta para el día horrible que hacía. La lluvia afeaba el paisaje de su nueva ciudad, su nueva y vieja ciudad, la que llevaba años teniendo en la cabeza, pero en la que nunca había vivido. Recordó por un momento lo que le había pasado el día anterior, y seguía como absorto en sus pensamientos, mirando la lluvia. Antes de llegar a su destino un hombre se sentó a su lado, pelo largo, nada especial. Imaginó que tendría tres hijos, dos hijas y un niño, les quería más de lo que podía expresar, de lo que se atrevía a expresar. Solo desde que su mujer murió, enfrentándose a infinidad de problemas, malviviendo con dos trabajos, se le notaba en la cara, si, se le notaba en las arrugas que afeaban su rostro, no tendría mas de 40 años, pero estaba demacrado, como si hubiera vivido tres vidas. De repente se vio reflejado en el cristal, por un segundo vio que era aquel hombre, se asusto y sobresalto, el hombre a su derecha ni hizo ademan de inmutarse. Otra de sus manías, siempre se sentaba a la izquierda del autobús, casi siempre por la tarde el sol le daba en la cara, pero era un impulso irremediable. Recordaba esa mañana, un día más se levanto alrededor de las doce, siempre le gustaron los espejos enfrente de la cama, tenia que comprar uno. Siempre se había sentido identificado con aquella canción de Fito "no tengo nada para impresionar, ni por fuera ni por dentro". Nunca le importo no destacar por encima de la media, le gusta pasar desapercibido, ser el chico de clase al que nadie conoce y por él que siempre preguntan cuando ven las notas colgadas en la pared con una chincheta roja. Roja como la que sujeta su póster de Watchmen, enfrentado al de Pulp Fiction. Siempre llevaba una novela de García Marquez encima, era su vía de escape del mundo, a uno de los mundos paralelos de el colombiano. Nunca pensó que le haría falta una mujer en su vida, nunca hasta ayer claro. "Con dos emes por favor" fue lo último que recordó antes de salir por la puerta.
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