Él siempre tenia la capacidad de hacer que se olvidara de todo, ni sus ideales, ni su pasado, ni mucho menos su futuro podía penetrar cuando se encerraban, sin pestillo, sin seguro, en su habitación, la de ella. Sus ojos le infundían el calor que necesitaba, el justo y necesario, y cuando no eran suficientes su mano izquierda hacia el resto. Hacia unas horas que su camisa, la de papa, había acabado en el suelo. Entonces el pánico la había invadido, más que nunca desde que se veían, había sentido perder el control de una situación por primera vez en tres meses. Siempre era una chica modelo, de las que pueden hablarte de cualquier tema y no desentonar, pero solo tenía un punto débil, que a ningún chico le había dejado descubrir, pero que Gabriel le había pillado desde la primera noche que las cosas pasaron el limite de la amistad. Antes incluso de que sus amigas supieran que existía. Antes de que él le mordiera en el cuello por primera vez. Y sobretodo antes de que la viera llorar por primera vez.
-El miedo siempre es infundado, nada debería ser capaz de provocarnos miedo, pero sin embargo tememos a las mayoría de las cosas.
-Pero es que no puedo evitarlo.
-No tienes que evitarlo, ya estoy yo para eso.
Yo soy como Gemma. Tengo miedo.
ResponderEliminarEstá empezando a engancharme esta historia...y mucho xD
ResponderEliminarLa última frase del dialogo...buaf, demostrando quien manda jajaja
Me gusta :)